Obra elegida: “La Payasa Cha – U – Kao “,Toulouse Lautrec , 1864 - 1901
No me canso de mirar el póster de La Payasa, lo tengo en la sala de estudios de mi casa y lo colgué hace mucho tiempo. Me gusta decir su nombre, “Cha – u – kao “ me gusta como suena y contar seguido que significa ruido y caos.
Se puede decir que conocí a Toulouse – Lautrec antes que a su obra, es decir, descubrí al personaje y eso me llevo a entrar en su mundo bohemio de cabaret eterno.
Para la materia “Plástica”en primer año de la secundaria amada por muchos, odiada por mi, la profesora hizo un “sorteo de artistas” para que hagamos un trabajo practico final escrito de cinco hojas, eligiendo dos obras y contando a que periodo pertenece el autor, características de dicho periodo, descripción de sus obras y trazo, etc.
Fue así como fueron saliendo, Monet, Picasso, Van Gogh y a mi me toco Toulouse Lautrec .
Era el año 1996 y me encontraba con la mala (buena) suerte de no contar con la internet, pero si con una biblioteca completísima producto de los libros que íbamos sacando de la sociedad de fomento que tenia mi abuelo en el barrio. Me traje bastantes tomos de “La Historia del Arte” para encontrarme con Lautrec.
Admito que ignoraba completamente quien era Henri Marie Raymond de Toullouse – Lautrec Monfà Tapiè de Celeyran,( menos por su nombre completo) y no sabia con que me iba a encontrar, por la pobre descripción que había dado la profesora en clase , tenia la sensación de que serian pinturas de cafés donde predominaría el gris o paisajes tristes de Francia (esto ultimo seria muy extraño ya que el criticaba todos los paisajistas: decía que en las personas se encontraba la verdadera belleza) por eso me senté en la mesa de la cocina con los tomos para comenzar a escribir, cuando mi madre paso y me anunció que en la tapa del tomo 2 ya tenia una obra de mi autor designado:”La Payasa Cha – u – kao”.

Y fue allí cuando conocí al personaje que pintó “ La Payasa...”, este maravilloso óleo sobre cartón, cuando descubrí que Toulouse era descendiente de los condes de Tolosa , que por padecer una deformidad eligió salir de su circulo y terminó prácticamente viviendo en burdeles como el reconocido Moulin Rouge , allá por el año 1884, que sus obras representaban los bajos fondos de París, pintando actores, prostitutas, a las personas que frecuentaban estos burdeles, bailarines, burgueses, etc.... siempre en algún acto de la cotidianidad: en este caso “ La Payasa ...” se está preparando para salir a escena tras bastidores del Moulin Rouge, con su vestido azul, su tutu amarillo y su peluca blanca, inspirado por la estampa japonesa, utiliza elementos planos donde un hombre que se refleja en el espejo se interpreta que es la “cara oculta del espectáculo”, o un homenaje a Degas, artista admirado por Toulouse.
Al comenzar a leer sobre el artista me atrapó tanto su historia personal que fui de libro de arte en libro de pintura buscando cada vez más información, en algunos resaltaban la “infelicidad sufrida por la deformidad que lo llevo a refugiarse en el alcohol” , en otros se hace hincapié en la amistad que tuvo con Vincent Van Gogh, su estancia en Rue Fontaine y su breve contacto con Degas, quien marcaría la orientación de su obra.
Es interesante como se resaltaba su altura y el porque de ella: Toulouse alcanzó a medir 1,52 m, y los porque son muy variados, accidente cabalgando, caída de una escalera, dos accidentes de caída, uno en el salón principal de su casa, otro en el jardín “demasiado seguidos como para sanarse “, etc... hoy se sabe que sus padres eran primos y Henri sufrió las consecuencias de esta unión : padeció una enfermedad que afectaba al desarrollo de los huesos, y si, se fracturó ambas piernas débiles : eso le impidió crecer mas de estatura.
Me saque un cinco en el trabajo y lo tuve que reescribir porque según la profesora:
(…) “Te concentraste mucho en la historia del artista, en su vida en si, y no me escribiste nada de las obras... ni me escribiste un poco sobre el post impresionismo “ (…)
Por supuesto elegí para esa ocasión también a “La Payasa” y algún que otro cartel del Moulin Rouge, de los que conté poco y nada... eso si: el trabajo estaba plagado de anécdotas sobre el pintor – cartelista.
Y es que a la profesora no le interesaba puntualmente como estaban compuestos sus tragos: champagne, cognac y abstenta, tampoco su historia de amor con Suzanne Valadòn (una de sus “modelos”), la cual intento quitarse la vida tras enterarse que Lautrec no ansiaba un hijo con ella. Menos le intereso, y me lo hizo notar al tacharlo en el trabajo, que entre el años 1894 y 1895 Henri se intereso particularmente por plasmar en sus obras escenas de lesbianismo, y que para esto, frecuentaba un local llamado “Lady Bird” donde lo recibía la encargada tuerta y se mezclaba entre el público “voyeur” de la época. Aunque nombré alguna de las obras a las cuales se refiere, como “El sofà” y “El beso” a quien me corrigió en ese momento no le pareció relevante esta información.
Hoy me encuentro nuevamente con Henri y su payasa, con los mitos que rondan su vida, con su pintura casi fotográfica debido a su memoria eficaz y su rapidez al pintar, con un libro que cayó en mis manos años más tarde del torpe trabajo práctico de plástica: “Mireya” de Alicia Dujovne Ortiz , relato que esta autora comienza tras enterarse que la mismísima “Mireille” del cuadro de Toulouse, expuesto en el museo de Albi, vino a trabajar a un burdel de Buenos Aires allá por finales de siglo.
Esa novela y mi pasión por el tango llevo a preguntarme si el mismísimo Carlos Gardel y Toulouse Lautrec compartieron un amor sin saberlo...y es que esa incógnita se abre al saber que Henri escribió en una carta a un amigo "Estoy desesperado porque Mireille se va a Buenos Aires. En dos años estará destruida" …. pero no, estaba aquí disfrutando de la exclusividad que tenían las prostitutas francesas en ese entonces y aprendiendo , de a poquito, a bailar el tango, convirtiéndose en una musa viajera.
Julia Panigazzi